Una vieja historia de engaño sirve hoy para retratar a quienes disfrazan de libertad, progreso y cambio lo que termina siendo más de lo mismo: gato por liebre.
En la Europa antigua, en los hospedajes de los caminos reales, llegaban viajeros, comensales cansados y hambrientos. Pedían el plato más exquisito: liebre estofada. Pero algunos dueños de hospedajes, con la complicidad de cocineros tramposos, servían gato disfrazado de liebre. El engaño funcionaba hasta que alguien descubría la verdad. De ahí nace el refrán que todavía utilizamos: «¡Nos han dado gato por liebre!»
En la Europa antigua, en los hospedajes de los caminos reales, llegaban viajeros, comensales cansados y hambrientos. Pedían el plato más exquisito: liebre estofada.
El dueño del hospedaje, el cocinero tramposo, mataba un gato, lo hervía con mucho ajo y vino. El parecido era perfecto. El comensal pagaba por liebre lo que era gato.
Por años nadie se dio cuenta, hasta que un viajante astuto masticó, miró el huesito fino y gritó: ¡ESTO NO ES LIEBRE, ES GATO! De ahí nace el refrán.

La vida de la liebre, que nunca nos dieron
La liebre es diferente. No vive en jaula, vive libre en el monte. Corre veloz, duerme con un ojo abierto, es astuta, no se deja atrapar fácil. Para cazarla hay que madrugar y sudar. Por eso valía caro. Era plato de reyes.
El gato no. El gato maúlla en el patio, vive de migajas. Es doméstico, fácil de agarrar. Lo que nos dieron fue lo fácil, lo barato, disfrazado de libertad.
Los gatos también tienen misión
El gato no tiene la culpa. Es noble. Es mascota, es familia. Nos da ternura con sus maulliditos, con sus grititos tiernos cuando tiene hambre o quiere cariño, cuando ronronea en las piernas de los niños. Dios los puso para acompañar, no para ser hervidos y vendidos como mentira.
El criminal no es el gato, es el dueño del hospedaje que engaña.
El dueño del hospedaje dominicano
Aquí el dueño del hospedaje es el político y el funcionario depredador. ¡Uff!
Son agresivos, voraces, depredadores de fondos públicos. No cazan liebre en el monte, cazan en el erario. Se comen la educación, se comen la salud, se comen las carreteras. Facturan obras que no hacen, nombran botellas, cobran peajes sin carretera.
Y sus desviaciones morales son peores: clientelismo que humilla, nepotismo que reparte el Estado como herencia, machismo de burdel en el despacho, mentira como norma, traición al compañero y venta de la soberanía por una visa.
Te sirven el discurso con mucho ajo y vino, te hablan de patria y cambio, pero en el plato hay gato. Gato robado al pueblo.
¡NOS VENDIERON GATO POR LIEBRE!


