Decirlo todo sobre Francisco Alberto Caamaño Deñó resulta poco para referirse a su grandeza en la hora en que se creció en defensa de la soberanía nacional.
No siempre hijo de gatos caza ratones; aunque el destino, de cuando en vez, alumbra una luz especial en medio de la oscuridad.
El 2 de mayo de 1964 murió un oficial de apellidos Caamaño Deñó, pero la historia los resucitó en 1965 para enfrentar la invasión norteamericana, en compañía de otros hijos inolvidables que la patria alumbró.
En Caracoles —entre Baní, Azua y San José de Ocoa— fue donde sus ejecutores vieron por última vez el rostro del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, un soldado de la patria que se creció con el ejemplo.
Del coronel de Abril, ahí está la historia; del combatiente de Caracoles, a raíz de su ejecución, surgieron mentiras, golpes de pecho y nuevas revelaciones sobre posibles receptores increíbles, aunque disfrazadas. Reiteramos: es posible que Los Palmeros bordearan la ruta del inolvidable Román. Y reiteramos: ahí está la historia, y también el verbo HACER.


