ROMA.-Los 133 cardenales electores vuelven este jueves a la Capilla Sixtina para el segundo capítulo del incierto cónclave que elegirá al sucesor del papa Francisco en medio de profundas fracturas en la Iglesia católica.
En la primera y única votación del miércoles inaugural, ningún nombre alcanzó la mayoría de dos tercios necesaria para conseguir la fumata blanca que anuncia el «Habemus papam».
El mundo está pendiente de la fumata que anunciará si los cardenales llegaron a un consenso de al menos 89 de los 133 votos posibles o si deberán seguir los trabajos en el cónclave hasta que haya un nuevo pontífice.
A partir de este jueves, se realizarán cuatro rondas de votación diarias, dos en la mañana y dos en la tarde, hasta que se defina quién será el próximo Papa. Después de cada votación, el humo que saldrá de la chimenea determinará a qué resultado llegaron.
En la elección del pontífice 267 de la historia, quien sucederá al papa Francisco, participan 18 cardenales más que en el pasado cónclave, hace poco más de 12 años, cuando el número de electores fue de solo 115.
Aunque el número de convocados al cónclave fue de 135, dos de ellos no pueden votar debido a que sobrepasan los 80 años: el decano del colegio cardenalicio, el cardenal Giovanni Battista Re y el vicedecano, el cardenal argentino Leonardo Sandri.
Ante la imposibilidad de que Giovanni Battista Re pudiera participar, se llamó al cardenal italiano, Pietro Parolin, de 70 años, a que les dirigiera una breve oración en latín al inicio del primer día del cónclave. Parolin, el más importante de los cardenales-obispos debido a su título de secretario de Estado, es mencionado como quien encabeza la terna de papables.
Francisco fue un pontífice pastor, enfocado en los pobres, migrantes y marginados, y llegó a regiones normalmente ignoradas por la Iglesia. Pero su pontificado generó resistencias entre quienes ahora apuestan por un cambio más enfocado en la doctrina.
Fumata negra: no hay papa tras la primera votación del cónclave
Las elecciones de Benedicto XVI y Francisco tomaron dos días. La mayoría de los cardenales estima una máximo de tres en esta ocasión; los más pesimistas, cinco.
«No importa que el humo sea negro, demuestra que el Espíritu Santo está trabajando», expresó por su parte James Kleineck, un turista de 37 años de Texas. «Pronto habrá otras votaciones, tendremos nuestro papa».
Los cardenales juraron guardar secreto sobre el proceso y desempeñar «fielmente» el papel de pontífice si resulta electo por «disposición divina».
Al grito en latín del «extra omnes» («todos fuera»), los «príncipes de la Iglesia» se encerraron antes para dar inicio a este ritual que data de la Edad Media.
Los cardenales electores –que tienen menos de 80 años– quedaron así aislados del mundo, sin acceso a internet, teléfonos, televisión o la prensa, hasta que escojan un nuevo pontífice.
«Mantener unidad»
La Capilla Sixtina no será un espacio para discursos, debates y negociaciones. Los intercambios se darán durante las comidas o reuniones en la residencia Santa Marta y otras dependencias vaticanas.
Y frente al magnífico fresco del Juicio Final de Miguel Ángel, los purpurados votan «en presencia de Dios» bajo solemne silencio.
Cada cardenal escribe el nombre de su candidato, dobla la papeleta y la coloca en un plato de plata, que se usa para depositarla en una urna.
El decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista Re, llamó el miércoles a «mantener la unidad de la Iglesia» en una misa previa al cónclave. Destacó el momento «difícil, complejo y convulso» que enfrentará el futuro papa.
Francisco creó el 80% de los cardenales que participan en el cónclave, el mayor y más internacional de la historia con prelados de unos 70 países. Muchos no se conocían hasta ahora.
El italiano Pietro Parolin, que lo preside, figura entre los favoritos para relevar a Francisco, de quien fue su secretario de Estado por 12 años.
El diario Il Messaggero incluye además en la «galaxia de papables» al italiano Pierbattista Pizzaballa, el húngaro Peter Erdo, el esrilanqués Malcolm Ranjith y al español Ángel Fernández Artime.


