PANAMA.-La huelga indefinida de más de 7.000 bananeros en Panamá que laboran para la filial de la compañía estadounidense Chiquita Brands y el despido de 5.000 de ellos con la aprobación del gobierno panameño ha levantado, de nuevo, la polémica sobre la acción laboral de estas empresas en la región. Y es que la historia ligada a esta fruta tan consumida en Estados Unidos o Europa ha estado marcada por la violencia, la presión y la corrupción.
Huelgas, cortes de carretera y tensión política. Esta es la situación que se vive en Panamá desde que el pasado 28 de abril de 2025, los jornaleros de la industria bananera iniciaran un paro indefinido contra las reformas en materia pensional impulsadas por el Gobierno de Raúl Mulino, que según los trabajadores son negativas para sus intereses. Esta huelga ha puesto en jaque a las autoridades de Panamá, un país donde la exportación del banano es clave, y ha hecho que la filial panameña de la multinacional estadounidense Chiquita Brands despida a 5.000 trabajadores, con apoyo del Gobierno, por considerar la huelga “ilegal” y argumentar pérdidas millonarias.

Una medida polémica que favorece a la multinacional estadounidense y que abre un nuevo capítulo rodeado de polémica sobre el trato de este tipo de multinacionales a sus trabajadores y la lucha que han mantenido estas compañías para aplastar y erradicar cualquier tipo de sindicalismo o reivindicación, llegando a recurrir en el pasado a métodos violentos. Pero, ¿cómo acumularon tanto poder en la región estas multinacionales?
El banano, un producto codiciado que requiere mano de obra en países tropicales
La fruta del banano fue codiciada desde hace siglo por su sabor y su fácil distribución, sin embargo, su principal inconveniente durante muchos años fue que es necesario que esté en un clima tropical para poder crecer. Esto hizo, por un tiempo, que fuese casi imposible trasladar bananos desde climas calientes a países como Estados Unidos sin que la fruta se pudriera. La situación cambio cuando la tecnología avanzó y los barcos a vapor y las neveras frigoríficas se extendieron.
Panamá: la bananera estadounidense Chiquita despide a toda su plantilla tras huelga prolongada
Es así como, en medio de este contexto nació en el año 1899 la United Fruit Company, una multinacional que impulsó un modelo de mercado que revolucionó al mundo. Esta compañía compró múltiples terrenos en países tropicales como Guatemala, Nicaragua, Panamá, Colombia, Ecuador o Cuba y empezó a plantar de forma masiva bananos y a emplear a bajo costo a ciudadanos locales. El gran negocio lucrativo contó con el visto bueno de muchos gobiernos locales, pero las pésimas condiciones laborales a las que sometían a sus trabajadores pronto generaron los primeros malestares y las primeras huelgas.

La mayor de esas huelgas ocurrió en el departamento colombiana de Magdalena en el año 1928. Hasta ese año, Colombia no había sufrido grandes huelgas, pero las malas condiciones laborales de los trabajadores del sector hicieron que se organizasen y que 25.000 de ellos fueran a un paro general indefinido. Sus reclamaciones eran claras: que la empresa les proporcionase un seguro de salud y los indemnizara en caso de accidente laboral, un aumento de sueldo que doblase a los irrisorios 100 pesos colombianos mensuales que cobraban, mejores instalaciones en las que vivir y descansar los domingos.
Las demandas fueron desoídas por la compañía, que no estaba dispuesta a ceder ni en uno solo de los puntos ni a negociar con los líderes sindicales. Ante la situación la huelga se prolongó más de un mes, pero hasta Bogotá llegaron las quejas de la compañía estadounidense, que perdió millones de dólares y acusó a los obreros de protagonizar una insurrección de carácter comunista, aunque realmente no tuviera ese tinte político.
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El gobierno colombiano del momento decidió favorecer los intereses de la compañía bananera extranjera y, desde la capital, envió a miles de soldados que se encargaron de reprimir y asesinar sistemáticamente a los obreros en sus protestas. El número de fallecidos no está claro, pero se sabe que superó los mil. Y es que los propios militares se encargaron de recoger los cadáveres apresuradamente y enterrarlo, seguramente, en fosas comunes, algo que imposibilitó saber el número real de víctimas.

Un golpe de Estado en Guatemala para evitar perder tierras
Una de las premisas de la United Fruit Company era la de ganarse el apoyo de los gobiernos locales y las élites del país latinoamericano de turno. Sin embargo, no siempre fue así. Por ejemplo, durante la década de los 50 en Guatemala, el ejecutivo del liberal Jacobo Árbenz aprobó un proyecto de ley que permitía la expropiación de las tierras baldías y sin uso que poseía la United Fruit Company para repartirlas entre los campesinos sin tierra.
Esta decisión no gustó a los directivos de la compañía multinacional, quienes, con el apoyo de la CIA estadounidense, instigaron y financiaron un golpe de Estado contra el Gobierno en el año 1954. El golpe triunfó y Árbenz tuvo que partir al exilio tildado de comunista, cuando en realidad no lo era. En su lugar, Estados Unidoscolocó en el poder al militar Carlos Castillo, quien restituyó tierras a la compañía y prohibió los sindicatos.

Tras eso la United Fruit Company protagonizó más alianzas con la CIA en asuntos políticos, como prestar sus barcos para facilitar el desembarco en la Bahía de Cochinos en Cuba en el año 1961, cuando Estados Unidos trató fallidamente de derrocar al Gobierno de Fidel Castro. Sin embargo, esta serie de eventos hicieron que el prestigio de la compañía se redujera y que entrase en crisis en los años 70 del siglo pasado. Una crisis que terminaría con su desaparición y el cambio de dueños.
Las razones de este desprestigio parecen estar en que durante la administración de Lyndon B. Johnson, el Departamento de Estado de Estados Unidos, llegó a asegurar que la multinacional bananera era una «fabricante de comunistas» por sus acciones en América Latina, algo que llevó a que incluso uno de sus directivos llegase a suicidarse desde un rascacielos en Manhattan.
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De United Fruit Company a Chiquita Brands: cambio de nombre, pero mismas polémicas
Es así como la United Fruit Company pasó a llamarse Chiquita Brands International. Pero el cambio de nombre no cesó sus polémicas. En 2024, un tribunal de Florida acusó a la compañía de financiar al grupo paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia en la región caribeña del Urabá.
Además, la Comisión de la Verdad de Colombia que investigó el conflicto armado en ese país, descubrió que los altos directivos de Chiquita conocieron y aprobaron el financiamiento de este grupo, responsable de numerosas masacres por todo el país a finales de la década de los 90 e inicios de los 2000.

Chiquita Brands era plenamente consciente de la violencia y sadismo con la que operaban algunos de los altos dirigentes de esta organización criminal de extrema derecha, como Carlos y Vicente Castaño o Salvatore Mancuso. Las AUC, durante años, con la falsa excusa de «proteger» los terrenos de la guerrilla, masacraron a líderes sindicalistas, políticos de izquierda y obreros por todo el país.
Envuelta en polémica, la sentencia del año 2024 obligó a esta compañía a indemnizar a las familias de ocho víctimas de las AUC en Colombia con entre 2 y 2,4 millones de dólares por víctima. Una sentencia considerada histórica que seguramente sea insuficiente, porque las víctimas del paramilitarismo en Colombia son decenas de miles.
Todo ello sin contar que las condiciones laborales de quienes se dedican a trabajar en la industria actualmente siguen siendo precarias. Por sus características, la cosecha del banano no ha podido tecnificarse porque requiere que los racimos de bananos sean cortados a mano y transportados con cuidado para que la fruta no se dañe. Esto hace que en pleno siglo 21, el volumen de jornaleros siga siendo muy elevado.


