SANTO DOMINGO. -El Colegio Dominicano de Periodistas tendrá en lo adelante a Luís Pérez como presidente. Y son muchas las interrogantes que brotan acerca de lo que pasará con la entidad bajo su mandato, partiendo del complejo y vasto cuadro de crisis que atrofia la imagen de esta, así como su institucionalidad y capacidad operativa. El nuevo incumbente se colocará al frente de un enfermo casi en condiciones terminales, con sus signos vitales en acelerada caída, sin credibilidad alguna, desahuciado para devolver decencia y dignidad al ejercicio del periodismo, aislado socialmente, incapaz de hacer valer su voz en los temas que le incumben, quebrado económicamente como consecuencia de, sospechosa e unilateralmente, negociar en vez de exigir legalmente lo que le corresponde por el impuesto a la publicidad, acostumbrado a la poca transparencia, desconectado de sus organismos de base, de precaria representación de su propio sector, con la presencia en su padrón de 1,400 miembros no titulados, llevados ahí por el trío perverso con fines electoreros, con un edificio que encarna el más de los vergonzosos espejos del fracaso gerencial, el abandono miserable y la pobreza de una casta dirigencial que le mantiene reducida a su propio medio de vida.
¿Podrá el nuevo presidente revertir semejante cuadro? Lo que se sabe es que Luís Pérez nunca expresó interés por dirigir el CDP, no tiene experiencia en el gremialismo periodístico, no conoce su membresía, carece de timpo y de equipo confiable, que para aceptar la candidatura en principio puso como condición que el Marcelino Vega se unificara, pero que debió asumir ante la imposibilidad de que alguno de los integrantes del conocido trío, gastados y desacreditados, saliera al ruedo otra vez.

La otra opción era Alberto Caminero, quien declinó tras señalar que esperaba el nombramiento que le saliera la semana pasada.

De manera que, sin caer en pesimismo, son pocas las probabilidades de que Luis Pérez enderece el CDP, que alcance revertir su cuadro agónico, máxime cuando los responsables del descalabro moral e institucional del gremio, son precisamente sus padrinos y, en particular, el jefe de las tropas


