
Los sectores mafiosos que durante años operaron en el Caribe, Centroamérica y Suramérica, y que mantuvieron negocios económicos y vínculos estrechos con el chavismo-madurismo, hoy no duermen tranquilos. Tras más de 25 años de dominio político en Venezuela, esas estructuras enfrentan presión, rupturas y un escenario adverso.
El gobierno del presidente Donald Trump, a cuya elección contribuimos activamente a través del movimiento Latinos con Trump, desde Nueva Inglaterra, Nueva York, Virginia y Florida, asumió el compromiso de cerrar el paso a la corrupción, al crimen transnacional y a las redes que durante años operaron con impunidad desde Venezuela y Colombia, afectando la paz, la salud y la estabilidad de nuestras familias: el narcotráfico.
Estados Unidos ha intensificado su presión política, diplomática y financiera, sin necesidad de una intervención militar directa, con el objetivo de desmantelar estructuras criminales, debilitar alianzas ilegales y forzar cambios profundos en el escenario venezolano y regional.
En ese contexto, se habla de salidas forzadas, detenciones y procesos judiciales contra figuras clave del entramado económico del chavismo-madurismo, incluyendo empresarios y exfuncionarios señalados por operar redes financieras opacas, entre ellos Alex Saab, señalado durante años como pieza central del sistema de negocios paralelos del régimen. Su destino final, según reclamos internacionales, debería ser enfrentar la justicia en tribunales de Estados Unidos.

Ese círculo fue, durante mucho tiempo, el administrador del lado oscuro de los negocios del poder en Venezuela, con ramificaciones en toda la región. Se habla de sociedades, inversiones inmobiliarias, proyectos turísticos y empresas de fachada, muchas de ellas registradas a nombre de testaferros, incluyendo operaciones detectadas en el Gran Santo Domingo, específicamente en Boca Chica, La Romana, Higüey Miches, y otras zonas estratégicas del Caribe.
Hoy, ese mundo comienza a resquebrajarse.
Y por eso hay nerviosismo.
Porque cuando el dinero ilícito pierde protección política, el pánico se propaga rápido.


