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Crónica de una lealtad quebrada

Las incoherencias y falsías de políticos dominicanos, que no practican lealtad ni sinceridad en su accionar público y privado.

Expongo copia de un documento que puede ser novedoso y de interés supranacional.

Tuvimos unos vínculos y una relación construidos por casi 50 años con Hipólito Mejía, que inexplicablemente se destruyeron sin esperanza de renovación.

En 1978, el líder del PRD, Dr. José Francisco Peña Gómez, usaba para casos muy especiales a Plinio De Óleo, quien retornó de Venezuela. Hipólito Mejía, secretario de Agricultura del presidente Guzmán, al igual que Gustavo Sánchez Díaz, director de INESPRE, recibían a ese personaje y este, siempre con discreción, resolvía en esas instituciones casos de interés, mayormente de la región Sur.

Con el transcurrir del tiempo, De Óleo afianzó esos vínculos y los llevaron de afinidad política a “cuasi familiar”.

Plinio De Óleo se traslada a EE. UU. y, desde allí, viajando con frecuencia al país, dirigía programas sociales y humanitarios, siempre vinculados vía PRD y luego PRM, de cuya entidad fue uno de sus activos forjadores.

Cajas y furgones por decenas, llenos de donaciones para atender, sin discriminación, a sectores pobres de RD. Hipólito Mejía y su entorno cercano nunca fueron tocados ni se les pidió cooperación económica para adquirir sillas de ruedas nuevas, andadores y otros útiles, ni para cubrir pagos de envíos.

Plinio De Óleo hizo un equipo de voluntarios, gente humilde, honesta y con afinidades morales y políticas.

“Hipotecó varias veces su ‘pensión cebolla’, con préstamos en Banreservas, para cubrir esos compromisos y no tocar áreas contaminadas moralmente”, confesó un conocedor de ese esfuerzo común.

Hipólito Mejía, expresidente de la República y aspirante a dicho cargo, designa a su colaborador leal por 50 años como consultor político voluntario, con poderes de representación y búsqueda de apoyos a su proyecto.

Ese documento, notarizado en RD y legalizado y traducido al inglés, fue depositado en original y copias en el Departamento de Estado y el Tesoro de EE. UU., siempre resaltando que eran honoríficas esas funciones.

Oigan este vulgar acto de fullerías y tumbe de mafias:

Gana las elecciones el PRM, con Luis Abinader. El equipo de Plinio De Óleo ayudó con mucho entusiasmo a esa victoria.

Dos amigos entrañables y colaboradores, el Dr. Federico Mejía Sarmiento, abogado reconocido de SPM, y el empresario Guillermo Jiménez, de Manchester, New Hampshire, allegados también a Hipólito Mejía, me llaman desde RD, 20 días antes de la toma de posesión del presidente Abinader, para informarme que habían pautado un desayuno en la casa del exmandatario, a donde yo acudía asiduamente.

En medio del COVID y con achaques de salud, Plinio De Óleo, puntual a las 7:30 a. m., llega al sector La Julia, DN. Allí estaban los tres invitados.

Baja Hipólito Mejía de su habitación del segundo piso, acude al salón de recibo y, en un estado anormal, va donde está De Óleo sentado: “¡Traidor, traidor, me traicionaste!”, y casi le introduce los dedos en la cara, cubierta por mascarilla anticovid y lentes recetados, relató un testigo del incidente.

Plinio De Óleo se levantó y, con valentía, le devolvió su calumniosa imputación, resaltando su lealtad y honestidad, dando por rotos todos los vínculos personales y políticos.

Mejía Sarmiento y Jiménez, en solidaridad con De Óleo, trataron de abandonar la casa, y este los convenció de no hacerlo.

La esposa de uno de ellos confesó recientemente que ese desayuno de mangú, huevos, quesos fritos y aguacates de Hipólito les cayó tan mal que, seis años después, siguen con inestabilidad estomacal y hasta repulsan ese tradicional manjar dominicano al recordar ese momento oscuro.

Pero la coherencia y lealtad de Plinio De Óleo, cuatro años después, sin recibir ningún acto de reciprocidad del PRM y su gobierno —que ayudó a subir—, lo llevaron a viajar a Azua a un acto pro reelección de Abinader, en abril de 2024, acompañado de Nildo César de los Santos, dirigente de Justicia Social y alcalde de Hondo Valle.

Allí, en la carretera, tuvo un encuentro fugaz con Hipólito Mejía: “Plinio, no ataques más a mi hermano. Vamos a reunirnos, vamos a comer a mi casa, toma el número de mi nuevo ayudante militar, vámonos a tomar fotos juntos”.

Ahí está la foto, pero el reencuentro político, familiar y de amigos ni se dio ni sucederá. Exhorto a conocidos a que conozcan esta historia cierta de intrigas y traiciones sin motivos.

Plinio De Óleo, aunque con méritos, honestidad y capacidad sobradas, no quería decretos.

Y que se diga: con serios problemas de visión, sigue con su “pensión cebolla” y solo lucha, como Juan Pablo Duarte: “Para que los hijos de la patria sean felices.”

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