IRAN.-Dos portacontenedores se han hundido en el estrecho de Ormuz tras impactar con una mina y un proyectil, respectivamente. El primer naufragio lo ha reportado la Marina de la Guardia Revolucionaria iraní afirmó este miércoles, en un comunicado difundido por medios estatales. Fuentes de seguridad marítima han añadido que otro buque portacontenedores se ha hundido cerca del estrecho de Ormuz tras ser alcanzado por un proyectil. Además, un tercer buque de carga seca se está hundiendo en otro incidente distinto.
El primer navío se hundió en aguas al sur del estrecho de Ormuz después de chocar contra una mina naval e incendiarse, según la nota de la Guardia Revolucionaria. El barco, que transportaba más de 2.500 contenedores, había intentado transitar por lo que el comunicado describe como una ruta no autorizada y peligros
En segundo buque, también un portacontenedores, fue alcanzado por un proyectil Se trata del portacontenedores GFS Pride, con bandera de Singapur y una capacidad relativamente reducida de 2.824 TEU (unidad equivalente a un contenedor de 20 pies), se hundió, según las mismas fuentes.
El tercer barco fue atacado el pasado 23 de septiembre. Se trata del Cape Dao, con bandera de Antigua y Barbuda, que comenzó a hacer aguas cerca del estrecho.
Por el estrecho de Ormuz no solo pasan buques cargados de petróleo y gas. También circulan millones de datos, a través de cables de fibra óptica instalados en el lecho marino.
Esta autopista digital subacuática, que conecta el golfo Pérsico con puntos tan alejados entre sí como Europa y el Sudeste Asiático, resulta vital para garantizar la conectividad a internet en Oriente Medio. De ella dependen desde los servicios financieros hasta la industria de la IA, pasando por las redes sociales. Y ahora, fruto de esa importancia, está en el punto de mira de Irán.
El pasado domingo, el jefe del Consejo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, fue explícito al respecto al declarar que los cables “serán destruidos” si EE.UU. decide reanudar la guerra. El dirigente recalcó que esos “bienes extremadamente caros no han sido incluidos de momento entre los objetivos a atacar”, pero que Irán se reserva la “bala en la recámara en caso de que sea necesario”.
Pocas horas después de que Rezaei lanzara su amenaza, la agencia de noticias Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní, publicó un extenso artículo en el que se aboga por utilizar los cables que atraviesan Ormuz para presionar a Washington.
En el texto, se recuerda que compañías tecnológicas estadounidenses como Google, Meta, Microsoft y Amazon “poseen una gran parte de la capacidad de estos cables”, y que lo lógico es que paguen “tasas de paso” por utilizar el estrecho. En otras palabras, Teherán aspira a replicar el modelo que ya aplica en la superficie marina: un peaje para todos aquellos que quieran cruzar Ormuz.
Según el artículo de Tasnim, existe una base legal para que el país persa pueda establecer estas tasas, ya que los cables atraviesan sus aguas territoriales. “Irán simplemente aplica sus leyes nacionales de impuestos y privacidad a la infraestructura física ubicada en su territorio”, se argumenta en el texto, en el que también se apela al derecho a exigir una compensación por los costos de “mantenimiento, defensa pasiva y servicios de gobernanza” relacionados con estas instalaciones.
Esta no es la primera vez que Irán amaga con cobrar a los gigantes tecnológicos por sus cables submarinos. El pasado mes de mayo, desde el régimen ya se sugirió la posibilidad de imponer un sistema de tarifas. Y, como ahora, la propuesta despertó serias dudas: ¿hasta qué punto puede Teherán obligar a las empresas de Silicon Valley a cumplir sus exigencias, teniendo en cuenta que los cables no terminan en Irán y que las sanciones estadounidenses impiden realizar cualquier pago al país persa? ¿Y cuán factible es un sabotaje de los cables, cuando la Armada de EE.UU. vigila de cerca la zona?

Abrir la puerta a un ataque o a la imposición de tasas otorga además fuerza negociadora a Teherán en sus conversaciones con la Casa Blanca. Desde hace semanas, ambas partes están inmersas en un diálogo diplomático para poner fin al conflicto iniciado en febrero, pero nadie parece dispuesto a hacer concesiones en aras de un acuerdo. El domingo, en la misma comparecencia en que profirió su amenaza contra los cables submarinos, el jefe de la seguridad iraní afirmó que la última propuesta de paz que EE.UU. ha trasladado a Teherán es “insuficiente”.
Este estancamiento de las negociaciones abre la puerta a una reactivación de la guerra que, según medios estadounidenses, podría producirse antes de las elecciones de medio mandato. De acuerdo con estas informaciones, Donald Trump busca un golpe de efecto de cara a la crucial cita electoral del 3 de noviembre y ha encargado al Pentágono que elabore varios planes de ataque.
En cualquier caso, a Irán, esta posible ofensiva no le pillará desprevenido. El régimen nunca ha acabado de fiarse de la voluntad negociadora de Washington, y en los últimos días se ha dedicado a exhibir su músculo militar, intensificando las agresiones contra buques en Ormuz. El pasado domingo, al menos seis barcos fueron atacados en las inmediaciones del estrecho, según datos de la agencia marítima británica UKMTO. Una cifra récord desde que estalló la guerra, que evidencia la voluntad de Teherán de marcar terreno ante el enemigo.


