-
Alrededor del 40% de las operaciones contraterroristas en Europa en 2025 estuvieron dirigidas contra menores de edad
-
En las plataformas de gaming se han generado importantes escenarios virtuales que se aprovechan para el reclutamiento online, como Roblox o Discord
-
No se utilizan tanto motivaciones religiosas o ideológicas sino la fascinación por la violencia

Las dinámicas de radicalización yihadista están experimentando un cambio profundo, con un creciente protagonismo de menores y el uso intensivo de redes sociales y plataformas digitales. Fuentes especializadas alertan de que el entorno online —incluidos videojuegos y comunidades virtuales— se ha convertido en un espacio clave para la captación y adoctrinamiento, con una creciente implicación de menores y el uso intensivo de redes sociales y plataformas digitales. Un dato muy relevante refleja la magnitud del fenómeno: alrededor del 40% de las operaciones contraterroristas en Europa en 2025 estuvieron dirigidas contra menores de edad. Hay que señalar que para los yihadistas, el concepto de menor no es el mismo que para la cultura occidental, y un adolescente de 15 años, por ejemplo, puede participar en la yihad.
El proceso de radicalización comienza, en muchos casos, en el entorno digital. Según fuentes de toda solvencia, la propaganda yihadista para reclutar a jóvenes se difunde a través de redes sociales como TikTok, Instagram o Telegram. En las plataformas de gaming también se han generado importantes escenarios virtuales que se aprovechan para el reclutamiento online, como Roblox o Discord.

Los videojuegos promovidos por el yihadismo son modificaciones de videojuegos conocidos que emulan escenarios ligados a acciones yihadistasEl Debate
Estas plataformas permiten difundir contenido de forma masiva, utilizar formatos visuales atractivos y adaptar el mensaje al lenguaje juvenil. El resultado es una propaganda menos ideológica y más emocional, diseñada para captar la atención de adolescentes. Las fuentes especializadas consultadas subrayan que no se utilizan tanto motivaciones religiosas o ideológicas sino la fascinación por la violencia.
Los datos confirman la tendencia
Efectivamente, los últimos datos oficiales del Ministerio del Interior y las operaciones difundidas por la Policía Nacional confirman un cambio estructural en la amenaza yihadista: más detenciones, perfiles cada vez más jóvenes y un peso decisivo del entorno digital en los procesos de radicalización. En España, los datos oficiales del Ministerio del Interior muestran una intensificación de la actividad antiterrorista:
• 100 detenidos por terrorismo yihadista en 2025, cifra récord desde 2004
• Incremento sostenido respecto a años anteriores (81 en 2024 y 59 en 2023)
Además, las investigaciones policiales evidencian una tendencia clara: la implicación creciente de jóvenes y menores en procesos de radicalización, en línea con el patrón europeo.

La Policía Nacional detiene en Melilla a un presunto yihadista en una operación dirigida por la Audiencia NacionalEfe
Las actuaciones oficiales reflejan con claridad el paso de lo virtual a lo operativo. El pasado mes de febrero, se registró la detención en Madrid de un joven altamente radicalizado que utilizaba redes wifi públicas para ocultar su actividad mientras consumía propaganda yihadista y avanzaba en su autoadoctrinamiento. Poco antes, en enero, se desarrolló una operación en Ferrol y Cartagena, que se saldó con la detención de una joven de 19 años que había iniciado su radicalización siendo menor, difundía contenido yihadista y mantenía contacto con combatientes de Daesh. En Álava, también este año, se detuvo a un menor de 16 años investigado por autoadoctrinamiento, que fue interceptado cuando portaba armas blancas en las inmediaciones de su centro educativo, con indicios de intención violenta. Estos casos, que se hicieron públicos, evidencian la conexión directa entre radicalización digital y riesgo operativo.
La convergencia entre menores, tecnología y radicalización configura uno de los principales retos de seguridad actuales. La captación ya no se produce en entornos físicos, sino en espacios digitales donde el control es más complejo y la detección más difícil. En este contexto, la prevención y la inteligencia temprana se convierten en elementos clave para anticipar una amenaza que, cada vez más, se gesta en silencio antes de materializarse.


