La historia que casi nadie cuenta
La Dirección Nacional de Turismo surge de la mano de Joaquín Balaguer.
Me contó en una ocasión el ingeniero Rafael A. Bilbao Díaz, me contó cómo ayudó en 1967 al Presidente Balaguer a crear la Dirección Nacional de Turismo.
Bilbao Díaz, de origen español, cubano y norteamericano, cuyos vínculos con la República Dominicana llegaron a través del famoso grupo constructor Conte Agüero, responsable en la década de los años 50 de importantes obras viales en el Nordeste del país, particularmente en San Francisco de Macorís.
Conviene recordar que los hermanos Bilbao —Segundo y Rafael— fueron los empresarios a quienes la oficina de abogados Jottin Cury defendió cuando fueron despojados de su propiedad turística Playa Macao, en Higüey.
Aquella acción, impulsada por políticos de la región, sorprendió al presidente Joaquín Balaguer en 1986, quien emitió un decreto para destinar esa hermosa playa a un supuesto proyecto agrícola y al asentamiento de campesinos.

En 1988, y bajo la presión de los gobiernos de Estados Unidos, Venezuela y España, países de origen de los empresarios afectados, el entonces presidente Leonel Fernández devolvió, mediante un acuerdo, 1,250 tareas para uso turístico a sus legítimos dueños.

Rafael Bilbao me contó —y luego pude comprobarlo— que mantuvo vínculos casi familiares con los hermanos Castro. Sus padres, agricultores españoles, compartieron vecindad con la familia Castro, y hasta la adolescencia asistieron juntos a la escuela. Durante la lucha revolucionaria encabezada por Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista, Bilbao brindó apoyos importantes a esa causa.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana, Rafael Bilbao ocupó cargos relevantes: fue responsable de la creación del Instituto de Desarrollo Turístico y del Instituto del Transporte.
Sin embargo, debido al radicalismo de Fidel Castro y el Che Guevara, así como a las contradicciones internas con Camilo Cienfuegos, Bilbao abandonó Cuba, huyó a Estados Unidos, se nacionalizó y posteriormente fue utilizado en misiones especiales del gobierno estadounidense en América Latina y el Caribe.
El día que nació la visión turística dominicana
A pocos meses de que el doctor Joaquín Balaguer asumiera la Presidencia de la República en 1966, había designado como secretario de Agricultura al joven economista Fernando Álvarez Bogaert.
En 1967, Rafael Bilbao llegó a la República Dominicana y Álvarez Bogaert lo condujo al Palacio Nacional, donde fue presentado al presidente Balaguer.
Iniciamos un diálogo muy detallado sobre la situación política y económica de la región, alrededor de las 11 de la mañana. Me contó este destacado internacionalista, amigo de figuras como Rómulo Betancourt, Pepe Figueres, Luis Muñoz Marín, Arturo Frondizi, Carlos Andrés Pérez, Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez, los hermanos Mainardi Reyna y Ángel Miolán, entre otros líderes de Nuestra América.
En un momento dado, el presidente Balaguer mostró tal interés por la conversación que pidió a Álvarez Bogaert salir del despacho y esperar en el antedespacho presidencial.
Bilbao le expuso entonces las ventajas y posibilidades de desarrollar en el país la “industria sin chimeneas”, destacando la similitud cultural, el idioma, el clima y la hospitalidad compartida entre dominicanos y cubanos. Balaguer tomó notas detalladas y le pidió a Bilbao que le recomendara el perfil de un posible candidato para dirigir esa nueva cartera.
Según relató Bilbao, recomendó a un independiente o a un miembro del opositor PRD, y se ofreció a contactar y convencer a Ángel Miolán. El trabajo se hizo, y en pocos días, en 1967, se creó la Dirección Nacional de Turismo, con Miolán como su primer incumbente.
Muchos se burlaban entonces:
—¿Y los turistas dónde están? ¿En la cabeza de Miolán?
No comprendían que Balaguer y ese idealista con los pies firmes en la tierra, don Ángel Miolán, estaban construyendo la principal vía del futuro económico de la República Dominicana: el turismo.

Una confesión tardía
Cuarenta años después, Fernando Álvarez Bogaert nos confió —a don Felipe Álvarez Oropeza, venezolano amigo; a don Rafael Bilbao y a mí— que aquel episodio en el Palacio Nacional fue un momento desagradable para él, pero que valió la pena por el bien de su amada República Dominicana.


