Por Plinio De Oleo
El artículo del Dr. Rigoberto Rosario “Venganza contra Luis Henry Molina disfrazada de lucha reivindicativa” describe con crudeza la agonía del Poder Judicial dominicano. Pero hay que ir a la raíz: la crisis no empezó hoy. Empezó con un acto ilegal, premeditado y grosero del entonces presidente Danilo Medina.
El pecado original
Hace 7 años, Danilo Medina violentó la Constitución y la Ley 327-98 de Carrera Judicial para imponer como presidente de la Suprema Corte de Justicia a Luis Henry Molina. ¿Quién era Molina? Su cuadro político de confianza. Su jefe de campaña de la provincia San Cristóbal para su reelección.
El artículo 44, párrafo III de la Ley 327-98 es claro: prohíbe que dirigentes políticos formen parte de la judicatura. Molina era militante activo del PLD. Lo admitió ante el Consejo Nacional de la Magistratura. Dijo que renunciaría al partido si lo escogían. Al día siguiente envió la carta. La inconstitucionalidad quedó consumada y documentada.
Recuerdo la carta hecha pública por el señor Luis Henry Molina, anunciando su renuncia como Miembro del Comité Central del PLD, pocas horas después de esa imprudente e ilegal designación como Presidente de la SCJ. Una burla y desprecio a la comunidad jurídica.
¿Y los jueces? ¿Y el Consejo?
Como bien señala Rigoberto Rosario: ¿Dónde estaban los dos miembros de la Suprema que forman parte del Consejo de la Magistratura? ¿Dónde estaban los jueces del país? Callados. Genuflexos. Metieron la lengua donde no da el sol.
Validaron con su silencio que el poder político pisoteara la independencia judicial. Le rindieron pleitesía al “flamante presidente” impuesto. Hoy que Molina es un árbol caído, hoy que ya no reparte favores ni castigos, se envalentonan. Hoy sí hay lucha “reivindicativa”. Hoy sí hay comunicados. Hoy sí hay indignación.
No es reivindicación, es venganza tardía
La crisis del sistema de justicia que vivimos en República Dominicana tiene nombre y apellido: Danilo Medina. Él secuestró la Suprema para poner a su jefe de campaña de San Cristóbal. Él dinamitó la carrera judicial. Él convirtió la justicia en un apéndice del Comité Político del PLD.
Los jueces que hoy atacan a Molina son cómplices por omisión. Se arrodillaron 7 años. Recibieron vejámenes y callaron. Buscaron concesiones y no las obtuvieron. Ahora que el poder se le fue, quieren posar de valientes. Como dice Rosario: no es reivindicación. Es cobardía disfrazada.
Conclusión
La única forma de rescatar el Poder Judicial es extirpando el pecado original: sacar la política partidaria de las altas cortes. Que nunca más un presidente imponga a su jefe de campaña provincial en la Suprema. Que nunca más los jueces callen por miedo o por migajas.
La lucha no es contra Molina. Él ya cayó. La lucha es contra el sistema que Danilo Medina instaló y que los jueces apañaron con su silencio.


