SANTO DOMINGO.-El Miércoles de Ceniza es uno de los días claves del calendario litúrgico en la Iglesia católica. En algunas diócesis, es el día que más fieles acuden a Misa.
El inicio de la Cuaresma pone a los fieles en un camino de conversión y entrega que, a pesar de lo que pueda parecer, mira a la Resurrección y la Pascua, el nuevo nacimiento y no sólo a la Pasión de Cristo.
El tiempo de Cuaresma se consolidó litúrgicamente en la Iglesia a lo largo del siglo VI. En los últimos años de San Gregorio Magno se inició la costumbre del ayuno cuaresmal el miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma.
En la alta Edad Media también nació la statio o procesión penitencial que se realiza en Roma y que consiste en una procesión presidida por el Papa, Obispo de Roma, y que va desde la parroquia de San Anselmo a la de Santa Sabina, situadas ambas en el Aventino a una distancia de unos 200 metros, cada Miércoles de Ceniza.
Con la desaparición de la penitencia pública, surgió la costumbre de que, tanto clero y religiosos, como los fieles, recibieran la imposición de la ceniza el miércoles antes del inicio de la Cuaresma. En 1901, el Concilio de Benevento ratificó esta práctica y la costumbre de imponer la ceniza se extendió por todo el orbe católico.
La especificación «de las cenizas» está relacionada con el rito litúrgico que caracteriza la misa de ese día: el celebrante coloca una pequeña cantidad de ceniza bendita en la frente o en la cabeza de los fieles.
Según la costumbre, las cenizas que se utilizan para el rito se obtienen de la quema de las ramas de olivo que fueron bendecidas y utilizadas en la procesión de palmas el Domingo de Ramos del año anterior.


