La manifestación, convocada por el grupo “Unidos Somos Más”, que aglutina a sacerdotes y moradores de los distritos municipales de Río Grande, San Francisco de Jacagua, Pedro García y Yásica Arriba, inició en la avenida Circunvalación Norte y recorrió la autopista Duarte.
La presencia de decenas de guardias y agentes policiales afectó en al menos seis ocasiones el avance de la caravana, con aparentes planes de recortar el recorrido antes de cumplir su cometido.
El sacerdote, ante la presencia de ambientalistas, dirigentes populares, comunitarios, juntas de vecinos y amas de casa, denunció que las cordilleras Septentrional y Central se ven amenazadas por los insaciables y codiciosos de riquezas materiales, para luego guardarlas en los bancos.
Dijo que a los del campo, con la minería, solo les queda la destrucción de los conucos, la tumba de todos nuestros árboles, el envenenamiento de las fuentes de agua, el desalojo de las familias y la desaparición de las comunidades.
“Vemos ya que los insaciables de riquezas, los ricos que solo piensan en el dinero, nos quieren destruir el país por todos los costados: el Sur, en San Juan de la Maguana; el Noroeste, en Restauración; y ahora el Cibao Norte, en Santiago y Puerto Plata”, agregó.
Anunció una nueva marcha–caravana para el próximo día 25 del mes de febrero, antes de la fecha de la Independencia Nacional.
En tanto, el obispo episcopal Rogelio Cruz consideró que la pretensión de dañar las cordilleras es una desgracia de una magnitud tal que no solo existe complicidad de las autoridades, sino que estas mismas pretenden hacerle creer al pueblo que desconocen lo que se está haciendo.
“El propósito es acabar con todas las cordilleras. Los recursos que tiene esta isla son de carácter extraordinario, pero con autoridades como Joel Santos, que ya tiene todo vendido y viene con la excusa de que no hay explotación”, adujo Rogelio Cruz.
Dijo que no hay una política clara y decidida de defensa de los recursos naturales por parte del Estado dominicano, por lo que frente a esta situación no queda mayor camino que tomar las calles.


