Desde el 25 de julio de 2020, es decir, un mes antes de la toma de posesión del presidente Luis Abinader, dí por rotas mis relaciones políticas y personales con el señor Hipólito Mejía, luego de haber mantenido vínculos por casi 50 años.
Fui un colaborador cercano y le serví con lealtad durante muchos años. Sin embargo, por intrigas y ataques sospechosos provenientes de su entorno, se produjo un altercado frente a dos amigos, cuando el exmandatario intentó ultrajarme.
Desde ese día no lo he vuelto a ver ni lo he buscado para ningún propósito.
En un acto político de la reelección 2024, celebrado en Azua, y únicamente por cortesía y para no dejar mal a un amigo común, intercambiamos un saludo.

Hoy, cuando el país y el propio presidente de la República han sufrido los embates, vagabunderías y acciones impropias de un grupo que se mueve bajo la sombrilla del PRM, será la historia —y la conciencia nacional— quien emita su juicio final.
Como me confesó un amigo que también estuvo cercano a Hipólito Mejía:
“Los mayores escándalos de corrupción, deslealtad y vínculos con el bajo mundo cohabitan en ese grupo y contaminan el cuerpo social de ese partido.”
Aclaro esta situación porque, a partir de ahora, enfocaré mis pasos con plena independencia política, apoyando todo lo positivo de la presente administración, pero siendo severo y frontal frente a lo negativo.
No luché ni lucho por un mal gobierno.
Mis aportes han sido y seguirán siendo por una República Dominicana libre de corrupción, con buena administración de los recursos públicos, siempre en favor del pueblo dominicano.


