MONTEVIDEO .- Guirlandas, fotografías, graffitis plasmados en muros, colas de hasta tres horas. Entre lágrimas y una inmensa conmoción, miles de uruguayos dieron el miércoles su último adiós al expresidente José “Pepe” Mujica, uno de los grandes referentes políticos de la historia reciente de América Latina y quien falleció la víspera a los 89 años a consecuencia de un cáncer.
La jornada de luto empezó con un cortejo fúnebre encabezado por la viuda de Mujica, la exsenadora y exvicepresidenta Lucía Topolansky, y por Yamandú Orsi, actual presidente uruguayo y discípulo político del exjefe de Estado.
Desde las primeras horas de la mañana, miles de personas se aglomeraban en las calles de Montevideo para acompañar el paso de la carroza negra que, tirada por seis caballos, transportaba el féretro con el cuerpo de Mujica, cerrado y envuelto en la bandera uruguaya.
Canciones espontáneas y poesías recitadas salían de la multitud que acompañaba conmocionada el trayecto desde la Torre Ejecutiva hacia la sede del Congreso en un recorrido de poco más de tres kilómetros pero que se alargó por casi cuatro horas.
«Mi adiós definitivo”, contó a The Associated Press la enfermera Estela Piriz, de 69 años. “Pepe fue una persona que ha dedicado su vida al pueblo, más allá de tendencias políticas. Es como perder a un familiar”.
“Tuvimos muchas discrepancias, pero en la vida siempre es mejor quedarse en lo bueno”, señaló a los periodistas el expresidente Luis Lacalle Pou (2020-2025), adversario político de Mujica y uno de los primeros mandatarios en expresar sus condolencias en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Montevideo.
Nacido el 20 de mayo de 1935, Mujica había sido diagnosticado a fines de abril de 2024 de un cáncer en el esófago y desde entonces fue hospitalizado varias veces. En enero anunció que la enfermedad había avanzado y que ya no se sometería a nuevos tratamientos tras varios meses de radioterapia que le provocaron además complicaciones para alimentarse e hidratarse.
Los cinco años de gobierno de Mujica —quien se acuñó el título del “presidente más pobre del mundo” por su estilo relajado y campechano— estuvieron marcados por una amplia agenda social, que permanece como su gran legado hasta la actualidad y que incluye la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, la legalización del aborto y la creación del primer mercado nacional para la marihuana legal.
Mujica también ejerció como diputado y senador y permaneció como una de las figuras políticas más relevantes de Uruguay, un país con sólo 3,3 millones de habitantes.
En los comicios presidenciales de octubre y noviembre jugó un papel fundamental en el proceso electoral que le devolvió el poder a la izquierda con la con la elección de Orsi.


