Por Plinio De Oleo
La historia de la humanidad es la historia de la movilidad. Desde
que el hombre se puso de pie, no ha parado de moverse para
buscar comida, para conquistar, para comerciar y para volver a
casa.
El 17 de diciembre de 1903, en Kitty Hawk, los hermanos Wright
lograron lo imposible: 12 segundos en el aire. De ahí a hoy, el avión
pasó de ser un invento de locos a ser el transporte más seguro del
mundo. Estadísticamente, hay más riesgo manejando de Barahona
a Santo Domingo que cruzando el Atlántico a 900 kilómetros por
hora.
Y ningún país entiende mejor eso que la República Dominicana.
Somos una isla que vive del aire.
Primero, por el turismo. No hay otra industria que mueva tantos aviones
como nosotros. Cerramos el 2024 con 11,192,047 visitantes y rompimos
récord en 2025 con 11,676,901 visitantes: 8,861,169 por vía aérea y
2,815,732 cruceristas. Somos el líder del Caribe.
Segundo, por la diáspora. Somos 11 millones aquí y casi 2.5 millones
allá. Dominicanos que entran y salen todo el año. Solo en Nueva York, Miami, San Juan y Boston
viven cientos de miles de dominicanos. Cada dominicano ausente es un pasajero cautivo. El avión
para nosotros no es lujo, es guagua.
Por eso nos dolió tanto perder nuestra línea bandera.
Dominicana de Aviación. Fundada en 1944, fue orgullo nacional. En los 60, 70 y 80 fue una
potencia caribeña. Volamos DC-9, Boeing 727 y hasta Boeing 747 a Nueva York, Miami, San Juan,
Caracas, Madrid, París y Frankfurt. Era la bandera que nos representaba en el mundo. Por mala
administración, por politiquería y por la competencia desleal, la quebraron. Dejó de volar en 1995
y fue liquidada en 1999. Nos quedamos 25 años sin bandera.
Hasta ahora.
Y aquí viene mi confesión y mi alegría. La semana pasada tuve una feliz experiencia. Viajé de Santo
Domingo, Aeropuerto Las Américas (SDQ), al Aeropuerto Logan de Boston (BOS).
Y lo hice en una línea dominicana. Con bandera dominicana. Con tripulación dominicana.

Se llama Arajet. La nueva línea bandera nacional.

