
Uno esperaría que la Iglesia Católica pudiera (una vez más) resistir al empuje de la degradación intelectual, pérdida de rigor académico, chabacanería y “cualquierización” en la construcción del conocimiento que actualmente caracteriza a Occidente; donde el simplismo se ha mezclado con la información; los hechos con la especulación y los sesgos con la objetividad; erosionándose las bases de la verdad.

Reseñar como fuente primaria –sin aportación de pruebas– las declaraciones hechas por un maestrillo jesuita voluntario del Centro Montalvo, (Marco Garbari), quien indica que “muchas personas son sometidas a torturas y hay quienes no sobreviven”; o que eran deportados en “condiciones inhumanas”, “hambrientos y deshidratados durante días”, tanto que “muchos no logran sobrevivir y sus cuerpos son sepultados en el camino sin que se denuncie su muerte”, es una apología a la mentira.

Sin embargo (voz en OFF de Pilatos) “Quod scripsi, scripsi” (Lo escrito, escrito está), y, en el Vatican News –“Portal de información de la Santa Sede”– se mantiene un reportaje cargado de falsedades y graves acusaciones contra el cual, lo menos que debe hacer nuestra cancillería, es exigir la corrección –en aras del rigor y la verdad–, o que sean aportados los medios de prueba sobre los cuales se fundamenta el libelo.
Es eso, u otorgar la razón a quienes no la tienen.


