NUEVA YORK.-La historia del chef francés François-Tanguy Olivon y su esposa Manon, quienes apostaron todo para abrir su restaurante Chez Fanfan en el corazón de SoHo, Nueva York, ha conmovido profundamente a la comunidad gastronómica internacional.
Lo que comenzó como un sueño familiar terminó en una tragedia personal y financiera que deja una lección urgente para quienes buscan emprender en mercados globales.
Desde JLP GLOBAL, donde acompañamos a cientos de emprendedores gastronómicos en procesos de expansión internacional, conocemos de cerca las complejidades que implica dar el salto a una ciudad como Nueva York. Sin embargo, el caso de los Olivon trasciende cualquier escenario habitual de riesgo.
Una inversión con todo en juego
Después de vender su restaurante en Saint-Brieuc (Francia) y su hogar familiar, François-Tanguy y Manon invirtieron más de $210,000 USD solo en depósito y 2 meses de alquiler para asegurar el local de su futuro restaurante en la calle Broome. La ilusión de construir una nueva vida gastronómica en Manhattan, con sus dos hijos pequeños, era total.
Pero lo impensado ocurrió: días antes de la apertura de su restaurante, durante unas vacaciones en el sur de Francia, François desapareció tras realizar una llamada desesperada a su esposa.
Doce días después, su cuerpo fue hallado sin vida en el río Adour. Su esposa Manon, devastada y sin recursos, notificó al arrendador neoyorquino, solicitando la devolución parcial del dinero invertido. La respuesta fue un frío “no”, acompañado de amenazas legales si no firmaba un acuerdo de desistimiento que, finalmente, se vio forzada a aceptar.
Este caso de Chez Fanfan nos recuerda que los proyectos gastronómicos son profundamente humanos. No basta con tener una buena idea o un local bien ubicado. El acompañamiento estratégico, la preparación emocional y la previsión legal son tan importantes como la cocina.
“Estoy viviendo una pesadilla”, expresó Manon en un mensaje a The Post, lamentando la falta de empatía del arrendador. Sin casa, sin empleo y sin automóvil, la mujer ha recurrido a una campaña de GoFundMe para obtener ayuda económica.
A pesar de que Moskowitz actuó dentro del marco legal, expertos inmobiliarios consideran que pudo haber ofrecido una solución más flexible, dado el trágico contexto. Mientras tanto, otros colaboradores del restaurante han decidido perdonar sus honorarios en solidaridad con la viuda.
El caso ha generado indignación, resaltando la falta de humanidad en algunas transacciones comerciales y los desafíos que enfrentan los emprendedores en la industria gastronómica.


