Por Rómulo Otazo Pérez
Todo apunta, que tras la intervención de la Administración del presidente TRUMP, en los
albores de Enero, nos encaminamos hacia la realización de unas nuevas elecciones
presidenciales. La única incertidumbre que hoy prevalece es determinar el momento adecuado para dichos comicios.

Esta certeza, parece compartida entre todos los actores de la vida
política nacional, sin importar su corriente ideológica, e incluye, tanto a los miembros del
régimen dictatorial como a los adversarios que han luchado por el rescate de la libertad y la
democracia, arrebatada al pueblo venezolano, desde hace 27 largos años.
Esta realidad, por sí misma, debilita los intentos que se han venido realizando para hacer valer
el mandato del pueblo venezolano, que ejerció su soberanía a través del voto y eligió con una
abrumadora mayoría al Embajador Edmundo González Urrutia, como Presidente de la
República, el 28 de Julio del 2024.
De ser así, las actas que mostramos al mundo entero, para demostrar el triunfo electoral,
quedarán archivadas como piezas de museo, en esa Panamá donde Bolívar intentó en 1826,
hace 200 años, en aquel Congreso Anfictiónico , unir a las naciones libertadas del yugo
español, con desenlace similar, frustración histórica, idéntica a la que hoy sufrirán esas actas
testigos fieles a la decisión de un pueblo determinado a ser libre.
Su candidatura, emergió de una urgencia circunstancial. Los factores de la oposición política,
debían inscribir un nombre provisional ante el órgano electoral, para ganar tiempo, mientras
se lograba un acuerdo unitario que permitiera definir una postulación definitiva con el
respaldo de todos. Al aceptar, el Dr. González Urrutia, como candidato tapa, demostró su
férrea voluntad de servir a la patria. El conocía de antemano el peligroso riesgo al que se
exponía, al poner su nombre públicamente y confrontar a un régimen dictatorial dispuesto a
emplear los métodos más bajos para eliminar a quienes lo adversamos abiertamente.
Durante el lapso establecido por ley para hacer postulaciones, se hicieron todos los intentos
por inscribir una candidatura que liberará a González de tal sacrificio momentáneo. La
oposición centro sus esfuerzos en la habilitación de María Corina Machado, electa con una
mayoría contundente, como líder única de las fuerzas democráticas en las primarias de
Octubre del 2023, sin embargo esto fue rotundamente negado. Ante el bloqueo, se
propusieron otros nombres, pero el árbitro electoral, siguiendo instrucciones de la cúpula
dictatorial, cerró el sistema e impidió cualquier inscripción alternativa. El régimen calculó, que
al ser una persona relativamente desconocida, en el espectro político tradicional, González
Urrutia, estaría en una insalvable desventaja electoral.
Una vez consolidado como el candidato definitivo de la unidad, Edmundo, (como el país
comenzó a llamarlo), tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida, tener que
asumir la riesgosa posición de encabezar el enfrentamiento contra una corporación criminal
que mantiene secuestrado el Poder del Estado, subyugando una nación entera, provocando un
éxodo , que para ese momento, superaba los siete millones de ciudadanos.
Edmundo, jamás buscó ni imagino asumir una misión patriótica de tal magnitud. Pensaba que
al aceptar ser “candidato tapa”, ya había cumplido con su deber ciudadano.
No obstante, ante esa circunstancia tan sobrevenida de ya ser candidato definitivo, decidió
afrontar el reto junto a su familia. Este gesto, añadió a su perfil diplomático, una cualidad de la
que carecen muchos políticos de oficio, y es que, superando el miedo, tener la valentía para
caminar un sendero incierto con el magno objetivo de conducir a una nación entera hacia la
prosperidad y el bienestar.
La campaña fue liderizada por María Corina y otros dirigentes de partidos opositores,
recorriendo todos los rincones del país, para hacer conocer la figura de Edmundo y su
selección como candidato único de la oposición. Durante ese recorrido, a pesar de que los
políticos eran los que promulgaban el mensaje del cambio tan ansiado por los electores, el país
comenzó a escuchar la voz propia e individual de Edmundo. Su presencia y su forma de
expresarse, distaban mucho de la retórica a la que estábamos acostumbrados a perfilar en los
lideres en las campañas electorales desde hacía más de 60 años de historia política, 40 de
democracia y más de 20 de dictadura.
Edmundo, esperaba pacientemente su turno para intervenir en las concentraciones, no se
sobreponía ni eclipsaba a los dirigentes acompañantes. No se colocaba en la parte delantera
de la tarima, como solían hacer los candidatos tradicionales, se mantenía un poco atrás, con
una asombrosa pasividad. Tras los discursos estruendosos y de confrontación política, el
intervenía con un lenguaje que buscaba universalizar el esfuerzo colectivo necesario para
reinstitucionalizar la nación. Al yo escucharlo, sentía como si previo a él, unas olas gigantescas
avanzaran con fuerza contra la orilla, pero su retórica , hacia que terminaran perdiendo su
ímpetu para deslizarse suavemente sobre la arena. Estábamos ante una forma distinta de
hacer política. Su actitud era un reconocimiento implícito de que pensar diferente no nos
convierte en enemigos, y de que la bondad no es monopolio de un solo bando.
Ganó las elecciones y su postura no cambio, siguió hablándole a todos. Hubo intentos de
apresarlo o eliminarlo, cuándo el régimen dictatorial, se dió cuenta de su error de cálculo. Se
percataron de que se enfrentaban a la majestuosidad de la humildad, encarnada en un
individuo con una inteligencia capaz de penetrar con facilidad y ligereza en la conciencia
nacional, de tal forma que de llegar a la conducción del estado, su enfoque erradicaría para
siempre cualquier amenaza autoritaria.
Prefirió luego Edmundo, ante el peligro y el riesgo que representaba su presencia en territorio
venezolano, emigrar a España, aceptando un convenio, que ofreció el régimen pensando que
tenerlo fuera, disminuiría la potencialidad y el impacto que su presencia estaba representando
dentro del país. Además, para también amedrentarlo, secuestraron y encarcelaron a su yerno,
asestándole un duro golpe, por ver afectado directamente el entorno de sus nietos, por
quienes profesa un profundo amor de abuelo.
Pero para sorpresa de la dictadura, al contrario de lo que se buscaba con su asilo, Edmundo
encontró la oportunidad de expresarse con libertad, creando una narrativa orientada a la
unión y al entendimiento universal. Su mensaje da fórmulas para que se puedan prescribir los
malos gobiernos y se pueda exaltar verdaderamente lo que es la gobernanza, distinguiendo la
ética de la transparencia, fortaleciendo al individuo frente al estado y estableciendo que la
justicia debe anteponerse a la libertad, y es allí donde radica mi entusiasmo por resaltar esta
historia, con este comentario, hacer conocer que lo positivo del obstáculo impuesto por el
régimen al no permitir otra opción que no fuera la del candidato tapa, ha permitido descubrir,
que más allá de la esfera de los operadores políticos que representan a las organizaciones con
fines electorales, existe todo un vasto mundo de intelectualidades que fácilmente pueden
superar cualquier narrativa que se proponga incidir en la intención del voto.
Ojala eso fuese la óptica, cuando nos corresponda postular candidatos a cargos de elección
popular, sin menospreciar claro está, la excelente cualidad de miembros de los partidos
políticos para ejercer esa funciones, tomando en cuenta lo indispensable para la salud de la
democracia que son las organizaciones con fines políticos.
Estamos entonces profundamente agradecidos con Edmundo, que transita ahora de Tapa a
Prócer, y también mi reconocimiento se extiende a otro venezolano admirable, Antonio
Ledezma, quien recibió a Edmundo en el exilio y no dudó en colocarse a su lado, fortaleciendo
su determinación de luchar con más ahínco por una Venezuela en Paz. Una nación con la
armonía suficiente para avanzar hacia la prosperidad y el bienestar colectivo. Un país donde
pensar distinto sea respetado y donde cada ciudadano se reconozca como propietario de una
tierra de libertadores y cuyas inmensas riquezas deben garantizar que no pueden existir
carencias de ninguna índole, si hay una buena gobernanza, entendida y gerencialmente guiada
por ciudadanos con similar talla de Edmundo González Urrutia.
Esta certeza, parece compartida entre todos los actores de la vida
política nacional, sin importar su corriente ideológica, e incluye, tanto a los miembros del
régimen dictatorial como a los adversarios que han luchado por el rescate de la libertad y la
democracia, arrebatada al pueblo venezolano, desde hace 27 largos años.
Esta realidad, por sí misma, debilita los intentos que se han venido realizando para hacer vale
el mandato del pueblo venezolano, que ejerció su soberanía a través del voto y eligió con una
abrumadora mayoría al Embajador Edmundo González Urrutia, como Presidente de la
República, el 28 de Julio del 2024.
De ser así, las actas que mostramos al mundo entero, para demostrar el triunfo electoral,
quedarán archivadas como piezas de museo, en esa Panamá donde Bolívar intentó en 1826,
hace 200 años, en aquel Congreso Anfictiónico , unir a las naciones libertadas del yugo
español, con desenlace similar, frustración histórica, idéntica a la que hoy sufrirán esas actas
testigos fieles a la decisión de un pueblo determinado a ser libre.
Su candidatura, emergió de una urgencia circunstancial. Los factores de la oposición política,
debían inscribir un nombre provisional ante el órgano electoral, para ganar tiempo, mientras
se lograba un acuerdo unitario que permitiera definir una postulación definitiva con el
respaldo de todos. Al aceptar, el Dr. González Urrutia, como candidato tapa, demostró su
férrea voluntad de servir a la patria. El conocía de antemano el peligroso riesgo al que se
exponía, al poner su nombre públicamente y confrontar a un régimen dictatorial dispuesto a
emplear los métodos más bajos para eliminar a quienes lo adversamos abiertamente.
Durante el lapso establecido por ley para hacer postulaciones, se hicieron todos los intentos
por inscribir una candidatura que liberará a González de tal sacrificio momentáneo.
La oposición centro sus esfuerzos en la habilitación de María Corina Machado, electa con una
mayoría contundente, como líder única de las fuerzas democráticas en las primarias de
Octubre del 2023, sin embargo esto fue rotundamente negado. Ante el bloqueo, se
propusieron otros nombres, pero el árbitro electoral, siguiendo instrucciones de la cúpula
dictatorial, cerró el sistema e impidió cualquier inscripción alternativa. El régimen calculó, que al ser una persona relativamente desconocida, en el espectro político tradicional, González
Urrutia, estaría en una insalvable desventaja electoral.
Una vez consolidado como el candidato definitivo de la unidad, Edmundo, (como el país
comenzó a llamarlo), tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida, tener que
asumir la riesgosa posición de encabezar el enfrentamiento contra una corporación criminal
que mantiene secuestrado el Poder del Estado, subyugando una nación entera, provocando
un éxodo , que para ese momento, superaba los siete millones de ciudadanos.
Edmundo, jamás buscó ni imagino asumir una misión patriótica de tal magnitud. Pensaba que
al aceptar ser “candidato tapa”, ya había cumplido con su deber ciudadano.
No obstante, ante esa circunstancia tan sobrevenida de ya ser candidato definitivo, decidió
afrontar el reto junto a su familia. Este gesto, añadió a su perfil diplomático, una cualidad de la
que carecen muchos políticos de oficio, y es que, superando el miedo, tener la valentía para
caminar un sendero incierto con el magno objetivo de conducir a una nación entera hacia la
prosperidad y el bienestar.
La campaña fue liderizada por María Corina y otros dirigentes de partidos opositores,
recorriendo todos los rincones del país, para hacer conocer la figura de Edmundo y su
selección como candidato único de la oposición. Durante ese recorrido, a pesar de que los
políticos eran los que promulgaban el mensaje del cambio tan ansiado por los electores, el país
comenzó a escuchar la voz propia e individual de Edmundo.
Su presencia y su forma de
expresarse, distaban mucho de la retórica a la que estábamos acostumbrados a perfilar en los
lideres en las campañas electorales desde hacía más de 60 años de historia política, 40 de
democracia y más de 20 de dictadura.
Edmundo, esperaba pacientemente su turno para intervenir en las concentraciones, no se
sobreponía ni eclipsaba a los dirigentes acompañantes.
No se colocaba en la parte delantera
de la tarima, como solían hacer los candidatos tradicionales, se mantenía un poco atrás, con
una asombrosa pasividad. Tras los discursos estruendosos y de confrontación política, el
intervenía con un lenguaje que buscaba universalizar el esfuerzo colectivo necesario para
reinstitucionalizar la nación. Al yo escucharlo, sentía como si previo a él, unas olas gigantescas
avanzaran con fuerza contra la orilla, pero su retórica , hacia que terminaran perdiendo su
ímpetu para deslizarse suavemente sobre la arena. Estábamos ante una forma distinta de
hacer política. Su actitud era un reconocimiento implícito de que pensar diferente no nos
convierte en enemigos, y de que la bondad no es monopolio de un solo bando.
Ganó las elecciones y su postura no cambio, siguió hablándole a todos. Hubo intentos de
apresarlo o eliminarlo, cuándo el régimen dictatorial, se dió cuenta de su error de cálculo. Se
percataron de que se enfrentaban a la majestuosidad de la humildad, encarnada en un
individuo con una inteligencia capaz de penetrar con facilidad y ligereza en la conciencia
nacional, de tal forma que de llegar a la conducción del estado, su enfoque erradicaría para
siempre cualquier amenaza autoritaria.
Prefirió luego Edmundo, ante el peligro y el riesgo que representaba su presencia en territorio
venezolano, emigrar a España, aceptando un convenio, que ofreció el régimen pensando que
tenerlo fuera, disminuiría la potencialidad y el impacto que su presencia estaba representando
dentro del país. Además, para también amedrentarlo, secuestraron y encarcelaron a su yerno,
asestándole un duro golpe, por ver afectado directamente el entorno de sus nietos, por
quienes profesa un profundo amor de abuelo.
Pero para sorpresa de la dictadura, al contrario de lo que se buscaba con su asilo, Edmundo
encontró la oportunidad de expresarse con libertad, creando una narrativa orientada a la
unión y al entendimiento universal. Su mensaje da fórmulas para que se puedan prescribir los
malos gobiernos y se pueda exaltar verdaderamente lo que es la gobernanza, distinguiendo la
ética de la transparencia, fortaleciendo al individuo frente al estado y estableciendo que la
justicia debe anteponerse a la libertad, y es allí donde radica mi entusiasmo por resaltar esta
historia, con este comentario, hacer conocer que lo positivo del obstáculo impuesto por el
régimen al no permitir otra opción que no fuera la del candidato tapa, ha permitido descubrir,
que más allá de la esfera de los operadores políticos que representan a las organizaciones con
fines electorales, existe todo un vasto mundo de intelectualidades que fácilmente pueden
superar cualquier narrativa que se proponga incidir en la intención del voto.
Ojala eso fuese la óptica, cuando nos corresponda postular candidatos a cargos de elección
popular, sin menospreciar claro está, la excelente cualidad de miembros de los partidos
políticos para ejercer esa funciones, tomando en cuenta lo indispensable para la salud de la
democracia que son las organizaciones con fines políticos.
Estamos entonces profundamente agradecidos con Edmundo, que transita ahora de Tapa a
Prócer, y también mi reconocimiento se extiende a otro venezolano admirable, Antonio
Ledezma, quien recibió a Edmundo en el exilio y no dudó en colocarse a su lado, fortaleciendo
su determinación de luchar con más ahínco por una Venezuela en Paz. Una nación con la
armonía suficiente para avanzar hacia la prosperidad y el bienestar colectivo.
Un país donde
pensar distinto sea respetado y donde cada ciudadano se reconozca como propietario de una
tierra de libertadores y cuyas inmensas riquezas deben garantizar que no pueden existir
carencias de ninguna índole, si hay una buena gobernanza, entendida y gerencialmente guiada
por ciudadanos con similar talla de Edmundo González Urrutia.


