Desde que el presidente Donald Trump regresó al cargo, su administración ha intensificado su campaña de desnaturalización, centrándose en ciudadanos estadounidenses nacidos en el extranjero a quienes acusa de haber obtenido la ciudadanía de manera fraudulenta.
Las autoridades señalan que algunas de las personas incluidas en esta última iniciativa están acusadas de cometer fraude y abuso sexual contra un menor.
La desnaturalización —el proceso de revocar la ciudadanía a un ciudadano estadounidense naturalizado— es poco frecuente y solo puede llevarse a cabo ante un tribunal federal. Históricamente, Estados Unidos ha revocado la ciudadanía por diversos motivos, que van desde mentir sobre la fecha de llegada, la edad o el estado civil de una persona hasta razones políticas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, Estados Unidos revisó los casos de naturalización de estadounidenses de origen alemán que simpatizaban con el nazismo.
Durante el Gobierno de Biden, el Departamento de Justicia presentó 24 casos de desnaturalización, según un funcionario de dicha dependencia. La administración Trump ya ha superado esa cifra en el último año.
En mayo, el Gobierno también inició acciones para desnaturalizar a una docena de personas.
“Obtener la ciudadanía estadounidense es un privilegio y, bajo el firme liderazgo del presidente Trump, este Departamento de Justicia mantiene una política de tolerancia cero ante el abuso de este proceso”, declaró Todd Blanche, fiscal general interino.
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, afirmó que la administración “continuará utilizando todas las vías legales para desnaturalizar y expulsar a extranjeros”.


