TEHERAN.-Irán ha dado comienzo este viernes a una semana de exequias por Ali Jameneí, líder supremo del país durante casi 37 años hasta su muerte, un funeral que se ha pospuesto durante cuatro meses a causa de la guerra desatada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
Las autoridades iraníes calculan que hasta 20 millones de personas pueden participar en unas honras fúnebres que esperan que den un espaldarazo a su legitimidad, tanto a escala internacional como frente a la base de apoyo que conserva entre la población iraní.
Un importante líder religioso iraní, el ayatolá Mohammad Saidi, incluso ha equiparado una asistencia multitudinaria a los fastos con una especie de plebiscito al sistema político del país. Antes de la guerra con Israel y Estados Unidos, la República Islámica afrontaba sus horas más bajas a causa de la represión de las protestas antigubernamentales de enero que provocó miles de muertos. Al menos 7.000 iraníes murieron en esas manifestaciones sofocadas incluso con ametralladoras pesadas, según organizaciones de derechos humanos iraníes en el exilio.
Los funerales tendrán lugar en Irán e Irak. El féretro del mandatario, al que Israel y Estados Unidos mataron en un bombardeo el 28 de febrero será honrado también en la ciudad santa de Qom y en las también sagradas para los chiíes Nayaf y Kerbala, estas dos últimas en Irak. El periplo de los restos del mandatario concluirá el día 9 de junio cuando el líder reciba reciba sepultura en su localidad natal, la iraní Mashad, el principal lugar de peregrinación de los fieles de la segunda rama del islam, que en Irán es mayoritaria.
La capital iraní se ha blindado para la ceremonia, con numerosas calles del centro cerradas al tráfico y el espacio aéreo severamente restringido hasta el próximo lunes. Se quieren evitar posibles ataques israelíes o atentados de grupos como el Estado Islámico, que en 2024 mató a 95 personas cuando hizo explotar dos bombas contra la multitud que se había congregado en Kermán para recordar al comandante de la Guardia Revolucionaria, Qasem Soleimaní, en el cuarto aniversario de su asesinato por parte de Estados Unidos.
Los ataúdes con los cuerpos de Jameneí y los parientes que perecieron en el bombardeo que lo mató (su hija, su yerno, su nuera y su nieta de 14 meses, Zahra Mohamadi Golpayegani) –incluido el minúsculo donde yace la niña – están expuestos desde el viernes por la mañana en el inmenso complejo religioso de la Gran Mosalá de Teherán para que la población les presente sus respetos a partir del sábado. Los actos religiosos y protocolarios comenzaron ya en la noche del jueves al viernes, con la asistencia, entre otros, del general de brigada Ahmad Vahidi, jefe de la Guardia Revolucionaria, a quien no se había visto en público desde el inicio de la guerra.


Invitar a delegaciones extranjeras a los funerales de un jefe de Estado es una práctica habitual, pero en el caso de Irán ese proceder diplomático esperable tiene otros matices. Se considera, por ejemplo, que uno de los motivos por los que la República Islámica ha remitido cientos de invitaciones a personalidades extranjeras es que su presencia disuada a Israel de aprovechar el momento para eliminar a altos cargos del régimen iraní, especialmente a Mojtaba Jameneí, si es que aparece en las ceremonias. Según funcionarios estadounidenses citados este viernes por The New York Times, Israel planeó asesinar el pasado abril al presidente del Parlamento iraní, Mohamed Bagher Ghalibaf, y al ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchí, cuando ambos líderes negociaban ya con Washington un acuerdo de paz.
Todo apunta también a que el régimen iraní aspira a marcar músculo internacional tras sobrevivir a una guerra de la que se ve vencedor. El jueves, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, aseguró, en una entrevista con la televisión estatal IRIB TV, que dignatarios de más de 100 países asistirán a las ceremonias, entre ellos varios jefes de Estado y de Gobierno.
Uno de ellos es Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán, el país mediador junto con Qatar del acuerdo de paz con Estados Unidos. Otro, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián. Entre los jefes de Estado, figuran los presidentes de Irak, Nizar Amidi, y de Tayikistán, Emomalí Rahmon.
Rusia y China -las dos potencias que apoyan a Irán, aunque con muchos matices- han enviado respectivamente al vicepresidente del Consejo de Seguridad y expresidente del país, Dmitri Medvedev, y al vicepresidente del Comité Permanente del Parlamento chino, He Wei. Algunos de estos responsables ya han desfilado esta mañana ante el ataúd de Jameneí y de sus familiares.
La víspera, el féretro había sido expuesto ante una multitud de seguidores que sollozaban golpeándose la cabeza, siguiendo el ritual chií del duelo, mientras arrojaban flores al ataúd, sobre el que aparecía posado un turbante negro: el símbolo de la descendencia directa del profeta Mahoma. Para muchos iraníes, Jameneí no era solo el jefe de Estado, sino también el representante en la Tierra del duodécimo imán del islam chií, que los fieles de esa rama minoritaria del Islam (en Irán es mayoritaria) creen desapareció en el siglo IX.

Un “referéndum”
La despedida de Jameneí tiene, sobre todo, una lectura interna; la de ese “referéndum” al que ha aludido el ayatolá Saidi. La República Islámica considera que ese resultado simbólico es crucial. Sobre todo porque numerosos expertos consideran que el sistema político implantado en Irán hace 47 años solo puede contar ahora, en el mejor de los casos, con el apoyo de un tercio de una población de 90 millones de habitantes.
De ahí que las autoridades iraníes no hayan dejado la afluencia al funeral de Estado en manos del azar. Además de ofrecer transporte, alojamiento y manutención gratuitas a los iraníes que quieran asistir a las exequias, medios en el exilio como Iran Internacional informan este viernes de presiones a funcionarios y trabajadores de empresas vinculadas al Estado para que participen en a las ceremonias. Ese portal cita a un habitante de Teherán que asegura haber recibido un mensaje de texto para prohibirle abrir sus oficinas y ordenarle que participara en las exequias.


