
En 1983 fui designado Cónsul de la República Dominicana en Cap Haitien, Haití, en medio de la dictadura de Jean Claude Duvalier que ya daba visos de agotamiento.
Recorría sus calles y observaba un fenómeno que me marcó: en miles de casitas y ranchos, en calles angostas, barrios y campos, cada tres viviendas había una iglesia y una caseta de juegos de lotería. La borlette.
Décadas después, observamos exactamente lo mismo aquí, en República Dominicana. Coincide con el abandono del campo, el traslado masivo de campesinos a las grandes ciudades, el motoconcho, y sus derivaciones: las drogas, los asaltos y la descomposición social.
I. BREVE HISTORIA
Antes había una sola Lotería Nacional, regulada, con dos sorteos por semana. En la década de los 90 se rompió el dique. Cada gobierno repartió permisos de bancas como si fueran favores políticos. Porque una banca es un comité político: un local, una nevera, dos empleos y doscientos votos.
De 1,500 bancas en los años 90, pasamos a más de 100,000 entre legales e ilegales, según estimaciones de Hacienda. No hay otro país en el mundo con tantas bancas por kilómetro cuadrado. Ya superamos a Haití.
Vaciamos el campo. El campesino llegó a la ciudad, no encontró fábrica y encontró una banca para administrar.
II. LOS JUEGOS
En el país no hay un juego. Hay un sistema diseñado para que el ciudadano nunca deje de apostar.
1. Quiniela, Palé y Tripleta: La base. Con 20 pesos se apuesta a ganar 70, 1,000 o 20,000. Sorteos cada diez minutos.
2. Bancas de Apuestas Deportivas: Pelota, NBA y fútbol. La trampa para la juventud, que apuesta desde el celular.
3. Rifas y loterías por WhatsApp y Facebook Live: Motores, solares y electrodomésticos, sin ninguna regulación.
4. Máquinas Tragamonedas en colmados: Prohibidas por ley, pero instaladas en todos los barrios. Ahí nace la adicción de un niño.
5. Lotto y Loto Millonario: El impuesto a la esperanza del pobre.
Es un sector que mueve más de 150,000 millones de pesos al año, y más del 60% opera en la informalidad.

III. ¿EN MANOS DE QUIÉN ESTÁN ESTOS NEGOCIOS?
Hay que consignarlo con toda claridad: estos negocios están en manos de mafias, del bajo mundo, de políticos, legisladores, militares, policías y lavadores de dinero.
El pobre de la esquina no es el dueño. Solo administra la banquita. El verdadero dueño es una estructura de poder que está arriba.
La mafia y el bajo mundo controlan las bancas ilegales y las máquinas. Imponen el terror y deciden quién abre y quién cierra.
Los lavadores utilizan las bancas para convertir el dinero sucio del narcotráfico y de la corrupción en dinero limpio.
Políticos y legisladores son dueños, socios o protectores. Reparten permisos, bloquean cualquier intento de regulación en el Congreso y usan las bancas para financiar campañas.
Militares y policías cobran el peaje en la calle. La banca ilegal paga semanalmente para operar frente a una escuela o al lado de un destacamento. Sin esa protección, no existiría una sola banca ilegal.
Es un ecosistema de corrupción perfecto: el político protege, el militar y el policía cobran, el lavador limpia y el pobre se envicia y se arruina. Por eso el Estado no regula. No puede regularse a sí mismo.
IV. ANÁLISIS PSICOLÓGICO Y MORAL
El dominicano no juega por vicio de rico. Juega por desesperación. Trabaja doce horas en un motor por ochocientos pesos y la banca le dice que con cincuenta se puede sacar tres mil.
Es un ritual de ansiedad. Un pueblo que juega tres veces al día no ahorra y no planifica. Solo espera el palo.
Moralmente, el Estado que debería curar la adicción, la financia y vive de ella.
CONCLUSIÓN
Cuando un país no produce, rifa. Cuando no tiene futuro, lo sortea.
Entregamos la agricultura y le entregamos el vicio del pueblo a una mafia con curul, con uniforme y con pistola.


