Cada 3 segundos se presenta un nuevo caso de demencia en el mundo.
Este trastorno cerebral progresivo destruye lentamente la memoria y la capacidad de pensamiento y, eventualmente, la habilidad para realizar las tareas más simples.
Y la enfermedad ya se convirtió en la séptima causa de muerte en el mundo, dice la Organización Mundial de la Salud.
Aunque los cambios en el estilo de vida y ciertos medicamentos pueden ayudar a aliviar los síntomas, todavía no hay una cura para el trastorno.
En los últimos años ha habido hallazgos prometedores, pero la marcha para contar con nuevos tratamientos y mejores diagnósticos para el Alzheimer parece ser muy lenta.
En el 2025, sin embargo, hubo avances esperanzadores en la investigación y conocimiento de la enfermedad. Te contamos cuatro de ellos:
1. Una prueba de sangre para diagnosticar EA
La enfermedad de Alzheimer está vinculada a la acumulación en el cerebro de dos proteínas nocivas (la beta-amiloide y la tau), que pueden acumularse hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas.
Hasta ahora la única manera de confirmar la EA era mediante tomografías cerebrales por emisión de positrones (PET) y punciones lumbares para extraer líquido cefalorraquídeo.
Pero estas pruebas no forman parte del diagnóstico rutinario de la enfermedad y muy pocos pacientes las reciben.

En mayo, sin embargo, fue aprobada por la FDA (Administración de Alimentos y Fármacos) de EE.UU. la primera prueba de sangre para detectar el Alzheimer en sus primeras etapas.
La prueba, llamada Lumipulse, mide la presencia de las proteínas vinculadas a la enfermedad y puede detectar cambios en la sangre incluso antes de que comiencen los problemas de memoria en el paciente.
Los ensayos clínicos demostraron que el análisis logra identificar correctamente los biomarcadores en más del 91% de los casos.
“Es una revolución en el diagnóstico de la enfermedad”, afirma el doctor Diego Aguilar, director regional para América de la organización Alzheimer’s Disease International (ADI).
“Actualmente hay un índice impresionante de subdiagnóstico. Entonces es muy importante poder tener un diagnóstico a través de la sangre, el de los biomarcadores, que creo que es uno de los más potentes”, le dice a BBC Mundo.
Este año se llevaron a cabo investigaciones prometedoras sobre el posible efecto protector de las vacunas para prevenir la EA.
Se están desarrollando nuevas inmunizaciones específicas contra el Alzheimer, pero también se está estudiando la posibilidad de que alguna de las vacunas que ya existen pueda ser utilizada para la prevención de demencia.

Una de estas vacunas es la de herpes zóster.
Un estudio de gran escala llevado a cabo en Gales, publicado en abril en la revista Nature, reveló que esta vacuna no sólo parece reducir los nuevos diagnósticos de demencia en un 20%, sino también ayuda a quienes ya padecen la enfermedad postergando la aparición de los síntomas.
Los resultados del estudio en Gales respaldan la teoría de que los virus que afectan el sistema nervioso pueden aumentar el riesgo de demencia.
“Nuestro estudio mostró que uno de cada cinco casos de demencia puede evitarse entre individuos vacunados contra herpes zóster”, le dijo a la BBC el doctor Pascal Geldsetzer, profesor de Medicina de la Universidad de Stanford, California, quien dirigió el estudio.
“Pero lo más fascinante es que esta es una intervención que ya tenemos disponible y se lleva a cabo una sola vez. No es necesario que la gente se adhiera a programas complejos que duran décadas y, además, la vacuna es segura y tiene el beneficio adicional de la prevención de herpes zóster”, agrega el investigador.
Aún se está investigando el mecanismo con el cual funciona esta vacuna pero se cree que ayuda a reducir la inflamación en el sistema nervioso, el cual es un factor clave en el desarrollo de las enfermedades neurodegenerativas.
Si se confirman los resultados, los hallazgos sugieren que tenemos ya al alcance de la mano un mecanismo preventivo para la EA y otras formas de demencia.


