
En 2002 me desempeñaba como asesor y director de Asuntos Internacionales de la Procuraduría General de la República. Un caso mediático ocupó todas las cámaras: Wilfrido Vargas.
El escándalo público
Color Visión, Canal 37 y varias emisoras, con sus periodistas de farándula, repetían las mismas escenas: Wilfrido llorando, suplicando, diciendo que todo era “un impasse con un empleado”. Nunca aclaró bien la situación. El juez le impuso impedimento de salida del país. Su imagen se deterioró. Sufría frente a las cámaras y el país lo veía.
La extorsión detrás
El caso tenía tufo a extorsión. Se usaban los tribunales para presionar. Llegó a mi despacho. Intervine. Destrancamos el proceso judicial. Se levantó el impedimento.
El compromiso que no cumplió
Un día le pedí que me acompañara a la cárcel de Najayo Adolescentes, en San Cristóbal. Su compromiso, a cambio de sacarlo del lío en que estaba involucrado, era simple: de vez en cuando visitar Najayo Adolescentes, darles charlas orientadoras e incluso instarlos, motivarlos a ser músicos, a aquellos que tuvieran inclinación hacia el arte.
Yo apadrinaba ese centro a través de la directora. Les llevaba libros y medicamentos. Ese día llevé, de mi salario, material de pintura, lápices, cuadernos y papeles. Él fue conmigo ese único día.
Se fue y ni se acuerda
Desde que se le levantaron las restricciones de salida del país, se fue. No cumplió nada más: ni una visita, ni una charla, ni un taller. Ni recuerdo que volviera a llamar.

La lección
Yo seguí llevando y ampliando mis acciones solidarias a niños y adolescentes de zonas pobres de RD y Venezuela, así como a adultos mayores y personas necesitadas, hasta el día de hoy, sin traumas y feliz, mientras él disfruta su fama y riquezas desde Colombia, donde vive.
Dios que lo perdone y lo libere.


