
América Latina vive un voto impaciente.
En Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Honduras, el modelo socialista del Siglo XXI prometió igualdad y dejó corrupción, inseguridad e inflación. El pueblo lo castigó. No es un giro ideológico, es un castigo a la ineficacia.
Chile pide orden y estabilidad tras el estallido social.Colombia se cansó de escándalos y crimen disparado.
Perú colapsó con seis presidentes en seis años.
Ecuador heredó narco-política y violencia extrema.
Bolivia agotó veinte años del MAS con caudillismo y corrupción del litio.
Honduras sufre el modelo Zelaya: Xiomara y Mel Zelaya instalados en familia, nepotismo, pactos oscuros, hospitales sin medicinas y apagones. El mismo libreto que ya fracasó.
El espejo del abismo es Cuba, Venezuela y Nicaragua: Cuba con 65 años sin libertad, Venezuela con 8 millones de exiliados, y Nicaragua donde la familia Ortega-Murillo traicionó el legado de Augusto César Sandino.
Y Sandino no estuvo solo. A su lado combatió Gregorio Urbano Gilbert, el joven dominicano que en 1917 enfrentó a tiros a los marines en San Pedro de Macorís y luego se unió a Sandino en Nicaragua como cómplice de lucha. Dos patriotas honestos que pelearon por pueblos libres, no por dinastías corruptas.
La advertencia: ante el divorcio total de los partidos tradicionales con el pueblo, convertidos en empresas familiares, surge una trampa peligrosa.
Es preocupante que, ante el engaño, la irritación popular y la repulsa generalizada, personajes raros, con precaria preparación académica, provenientes de barrios muy pobres azotados por drogas, delincuencia y todas las carencias, tatuados, sin proyecto, sean presentados ahora como los agraciados y virtuosos que fuerzas subliminales nos envían para la liberación de males ancestrales.
El mesianismo del ignorante ya hundió a otros países.
América necesita estabilidad, valores y prosperidad. Es la preocupación que ha expresado el Presidente Donald Trump y su administración para que nuestra región sea estable, y es lo que ha logrado Nayib Bukele en El Salvador: orden y paz.
Como lo hizo José Figueres Ferrer en Costa Rica, que abolió el ejército para construir escuelas.
Orden con decencia. Ese es el camino.


