
La semana pasada, Washington intentó vender 30,000 millones de dólares en bonos soberanos, pero nadie compró; otros vendían los mismos bonos, mucho más baratos.
Sufrimos un grave y muy serio problema financiero.
Después, el presidente Donald Trump anunció que “pronto” retirará las tropas y suspenderá los ataques contra Irán, sin reabrir el estrecho de Ormuz. Washington ya no pone orden, renuncia al puesto de policía mundial.
Huir del Medio Oriente, dejando bases militares destruidas y el estrecho de Ormuz cerrado, demuestra que Washington perdió su poder. Quien reabra ese estrecho y restablezca el orden será el nuevo jefe mundial.

Nadie le presta dinero y sus militares, “los mejores del mundo”, no pueden desbloquear un paso marítimo; sin plata ni guardias, no hay imperio.
Los historiadores del futuro registrarán la semana entre finales de marzo y principios de abril de 2026 como el inicio del fin, el réquiem del imperio estadounidense.
Recordemos que entre 1980 y 1988, Washington hizo que Irak guerreara contra Irán. Hoy, en 2026, el pueblo y las milicias islámicas iraquíes se unen a Irán en la lucha contra Washington.Hoy están unidos contra su enemigo común que ayer los dividió: Washington.
Milicias iraquíes derribaron una gasolinera aérea, un avión para reabastecer de combustible a los bombardeos volando.
En 72 horas, Washington perdió dos aviones F-35 (los más caros y modernos del mundo), un F-15, un A-10, dos C-130, varios drones y dos helicópteros Blackhawks.
Cientos de miles de iraquíes demandan que cierren el espacio aéreo iraquí, desde donde los Estados Unidos e Israel atacan a Irán.
Trump dice que puede terminar la guerra “pronto”, eso aumenta el temor de que Israel o Estados Unidos utilicen un arma nuclear táctica contra Irán. ¿Cómo responderían Irán, Rusia y China?
Trump enfrenta la disensión militar por las incursiones terrestres en Irán, y el número real de víctimas estadounidenses no ha sido revelado.
Cuando cuenten los muertos, la estrategia y el gobierno de Trump pueden colapsar como un castillo de naipes, asistimos al réquiem del imperio estadounidense.


